ADVERTENCIA: Éste es un post intelectual, académico, aburrido. No lo lean.
Bueno, bueno, se puso entretenido esto. Atendiendo el comment que Pedro hizo en el post anterior (que es muy bienvenido), me puse a responder y me pareció que daba para una nueva publicación, para hacerlo aún más prolijo y discutir un tema que me parece fascinante: ¿Qué es la Posmodernidad?
Me parece que todo lo que el anónimo amigo Pedro dice es acertadísimo (los invito a leerlo), si nos quedamos con la idea tradicional que se tiene de la Posmodernidad, que es la que hace que se la perciba tal como él la describe. Coincido en cada uno de sus puntos, y creo que de hecho los autores posmodernos suelen (solemos) caer en cada uno de ellos de manera muy poco elegante.
Pero (y acá viene el pero), yo lo veo diferente. Digo que lo veo diferente en el sentido de que creo que es así, pero que se podría verlo (y hacerlo) de otra manera. A mí me gusta mucho la idea de la resignación, de la que hablo siempre. Resignarse no es agachar la cabeza, asumir que ya está todo hecho y dejar que la vida nos de palos, sino que lo entiendo por el lado de re-signar: volver a dar signo, dar un nuevo significado; aceptar que las cosas son así, y a partir de eso modificarlas, no retrospectivamente (ejercicio imposible hasta que Wells nos legue su benemérita máquina del tiempo o los guionistas de Lost tengan razón), sino a futuro: ese futuro impredecible que de destino no tiene nada.
A qué voy con esto: creo que lo que se hizo con la idea de Posmodernidad (lo que los propios posmodernos hicimos con y de ella) es una vergüenza, pero que la idea contiene algunos puntos que me parecen fundamentales para trabajar con lo más real de nuestra cotidianeidad día a día. Y con la teoría, claro.
Me refiero, concretamente, a cosas como éstas:
1. El sujeto es incompleto, fragmentario, imperfecto, escindido de sí mismo.
2. Eso hace que el yo no sea uno, que las identidades sean múltiples y complejas.
3. El ser humano es contradictorio, complota contra sus propios intereses y aquellos de los que lo rodean (ni qué hablar los de la bella Humanidad).
4. Esto se debe a que el deseo tenga vericuetos mucho más oscuros y, en apariencia, mucho más inexplicables de lo que creemos habitualmente.
5. Que el deseo y el goce sean imperativos no implica inexorablemente que eso quede subsumido en la lógica capitalista. Es lo más fácil y habitual, pero es una elección del sujeto no-necesaria, contingente, que puede ser resignificada. Qué tareíta, eh?
6. El idiota es idiota hasta que deja de serlo y puede transformar en palabras y acciones su pensamiento ocioso y circular.
7. Ergo, las esencias, para este caso, no existen: existe la voluntad del sujeto de ser actor de sus propias convicciones. Ser consecuente con la elección (con el deseo) es algo que no podemos soslayar.
8. Para eso, hay que releer a Castoriadis y su idea de qué es la autonomía: el rechazo del discurso del otro, no porque sea bueno ni malo sino porque, lisa y llanamente, es el discurso del otro (¿del Otro?). Por supuesto, pensar en una autonomía total y absoluta es imposible (como pretende la Modernidad), debido a lo que señalo en los primeros ítems de esta perorata. El intento ya vale de por sí.
9. Freud decía al respecto (sin saber que un siglo después lo íbamos a estar tomando para explicar esto, pobre): “Wo es war soll Ich werden”. En criollo, “Donde estaba el ello debe devenir el yo”.
10. Parafraseando a Sartre, uno es lo que hace con lo que los demás hicieron de uno. Modificar la propia conducta ética a partir de esta noción es de lo más complicado que se me ocurre en la vida. Complicado y acertado, creo. Y eso tiene muy poco que ver con la Modernidad a la que estamos acostumbrados.
11. Lacan, Badiou y Žižek tienen muchísimo de lo que yo tomo como “ideas posmodernas”. Pongamos si se quiere un rótulo más amigable: los tres son posestructuralistas. Como Kristeva, Todorov, Touraine, Foucault, Derrida, Deleuze, Guattari, Lyotard, Baudrillard, Bataille, Morin, Prigoguine, Schrödinger, Kundera, Woody Allen, Gombrowicz, Morábito, Puig, Cortázar, Tarantino, Wan Kar-Wai, David Fincher, Charlie Kaufman, Matrix, Nick Cave, Tom Waits y Lawrence Durrell (vale agregar todos los que se les ocurran).
12. Queda claro que la Razón no alcanza para explicar ni entender todo esto.
13. A mí, por lo menos, me queda claro que la Modernidad ya fue. Que lamentablemente ya fue. S me hubieran dado a elegir un momento histórico para vivir, hubiera escogido la Inglaterra de principios del siglo XX. Hubiera sido fascinante deambular por clubes machistas, fumando pipa y hablando de política internacional, con un sombrero y un bastón, sin cuestionarme todas estas pelotudeces que hoy por hoy hacen a mi vida intelectual y (esto es terrible) cotidiana. Pero vivo en Buenos Aires en el 2009, y mis múltiples realidades son otras.
14. Posmodernidad porque venimos inmediatamente después de la Modernidad, sin que quede claro cuál es el momento en que se pasa de una a otra: estudié Historia y aprendí (tal vez mal-aprendí) que estas cosas no funcionan como rupturas, sino como continuidades que son larguísimas transiciones, generalmente imperceptibles. Y lo que viene después de la Modernidad es realmente inexplicable para mí, desde muchísimos aspectos. Las formas mutan con una rapidez intolerable (confrontémoslo con la idea de la Modernidad Líquida de Bauman, con la Hipermodernidad de Lipovetsky), y eso hace que ESTO no tenga una forma, una manera, una definición, una concepción asimilable. Por lo menos no para mí; no hoy; no así.
15. Asumir esa incertidumbre, el rasgo más característico de esta época, me parece un ejercicio dificilísimo, que requiere de paciencia, ética y un esfuerzo inimaginable (el moderno Goethe decía que los esfuerzos son la medida de la fuerza). Y creo que desde esa perspectiva, la Posmodernidad puede llegar a ser un gran momento de cambio en la manera de ver, entender, explicar y hacer nuestro devenir. Una manera de modificar una Weltanschauung que ya está arcaica y que no nos sirve para enfrentarnos a toda la mierda con la que convivimos todos los días. Una manera linda de vivir mejor, de ser más felices. De estar bien.