Hay gente que se merece un Nobel. No hablo de literatos, físicos o pacifistas mundiales, sino de esos (muchas veces; generalmente) anónimos que contribuyeron a que la vida sea más linda. Ayer, con L estuvimos pensando algunos, pero en la mayoría no coincidimos. Algunos de los suyos eran para los tipos o tipas que inventaron:
Las piedritas para el baño de los gatos.
El aire acondicionado.
La cinta de papel.
La cinta bifaz.
Las Essen.
Las tarjetas de crédito.
Las impresoras con wi fi.
El protector solar.
El helado.
La cerveza.
Mis candidatos al Nobel son para el que inventó:
Los duraznos en almíbar con crema chantilly.
El bidet.
La pelopincho.
El abrelatas.
El push up.
El mosquitero.
Los tarugos.
El molinillo de pimienta.
Los fósforos.
El dentífrico.
Cuevana.
Los sillones con rueditas, apoyabrazos y respaldo reclinable.
Las hamacas paraguayas.
Las mecedoras.
Las pastillas anticonceptivas.
El sistema de tinta continuo para impresoras.
Las pantuflas.
Los auriculares.
El TEG.
Los biblioratos.
La leche condensada.
¿Los suyos? ¿Cuáles son?
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