Estoy leyendo la Guía YPF de la Patagonia, publicada el año pasado. Es literatura de alto vuelo, y no soy muy irónico cuando lo digo. Los textos y el relevamiento, a cargo de Diego Bigongiari, no tienen desperdicio. En síntesis, la guía es más de lo mismo: rutas, dónde comer, dónde dormir, qué hacer, algunas fotos, teléfonos útiles y demás. Pero me estoy divirtiendo mucho. Parece que Bigongiari tiene pocas pulgas, y todo el tiempo tiene la puteada a flor de labios. No lo dice, claro, porque el trabajo debe haber sido bien remunerado y las malas palabras no pueden aparecen en una publicación de YPF (editada, además, por Hugo Caligaris). Pero qué cerca está. A continuación copio textuales algunas frases que aparecen en las primeras hojas, y al lado me permito subtitular lo que el autor podría estar pensando, o diciendo con mucha más sutileza, refinamiento y sofisticación:
| DONDE DICE | DEBERÍA DECIR | |
| La vista es particularmente sugestiva después de un chaparrón de verano. | Me cagué mojando con esta lluvia puta y no se ve un carajo. | |
| Lagunas de modesto atractivo. | Unos charcos infames. A eso no lo puede llamar “laguna”, sureños caraduras. | |
| Si no le teme al ripio. | La ruta está hecha bosta. No sean boludos y agarren por otra parte; yo pinché dos veces. | |
| No hay más que parrilla de pueblo, surtidores de combustible y gomería. | Me pegué el embole de mi vida. Decí que por lo menos me lo pagan. | |
| A la vera de la hipnótica recta. | Manejar en esta ruta es más aburrido que comer con los suegros. Además cabeceás como un hijo de puta. Mejor fumate un faso, que si no te vas a querer matar. | |
| Si el presupuesto lo permite, cene en alguno de los dos mejores restaurantes de la ciudad. | Ricachón sorete. Yo terminé comiendo unos panchos espantosos en el bolichón que está en la otra cuadra. Ojalá te indigestes, puto. | |
| Alguno de los lechos más mullidos, tranquilos y de mejor vista del planeta austral están en la Patagonia, a su precio. | Obviamente, yo dormí en un colchón que no tenía pulgas, solamente porque ya las habían matado el frío y la mugre de ese motel de cuarta donde paré. | |
| Estancias, que en muchos casos son muy confortables y en otros algo rústicas. | O sea: unas cabañas pedorras que se caen a pedazos y te las cobran a precio euro si te ven la cara de gringo pelotudo. |
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