Ya hablé varias veces de este tipo de cuestiones, y no voy a retomar nuevamente mi historial (los remito a otras dos entradas: “Sonambulismo en la distancia” y “Sonambulismo (otra vez)”. Pero ayer tuve un sonambulismo buenísimo. L se ríe de mí (y a veces también se asusta un poco), cuando a mitad de la noche se levanta y me mira mirándola, acostado-de-costado, y con la cabeza apoyada contra el hombro izquierdo. O sea, una posición totalmente incómoda, que va contra las leyes de la gravedad y muy propicia para las contracturas, pero que parece ser la manera más espontánea que tengo para ser sonámbulo. Esta vez no se despertó porque yo estuviera hablando, haciendo ruidos raros ni caminando o haciendo cosas por la casa. Más bien sintió unos golpes, unos golpes bien rítmicos, con onda. Era yo, que la estaba usando como si ella fuera una batería. Como si todo su cuerpo, de la cabeza a los pies, fuera una batería. Le pegaba despacito y rítmicamente, sonriendo, divertidísimo, con una alegría descomunal. Y cuando enojada (obvio) me preguntó qué estaba haciendo, le respondí (siempre con ritmo y una sonrisa de oreja a oreja): “Instantáneeeoooo!!!”. Después me volví a dormir.
Qué necesidad de usar palabras complicadas hasta cuando duermo, ¿no?
Un extra: hay jurisprudencia que indica que si uno mata personas estando sonámbulo, no hay condena. Sonámbulos del mundo, uníos!
0 ideas:
Publicar un comentario