“Me dicen a veces desde el otro lado que ahora mi obligación para con la patria sería regresar. Me gustaría saber para qué.”
“Estoy leyendo a Sinkiewicz. Una lectura atormentadora. Decimos: es bastante malo, y seguimos leyendo. Constatamos: es una lectura barata, y no podemos dejarla. Gritamos: ¡Es una ópera insoportable!, y continuamos leyendo fascinados.
¡Qué genio tan poderoso!, ¡probablemente nunca ha habido un escritor tan eximio de segunda fila!”
“Si nunca puedo ser del todo yo mismo, lo único que me permite salvar mi personalidad de la destrucción es la misma voluntad de ser auténtico, ese deseo obstinado que grita en contra de todo: ‘yo quiero ser yo mismo’, y que no es más que una rebelión trágica y desesperada contra la deformación. No puedo ser yo mismo y sin embargo quiero ser yo mismo y debo ser yo mismo: he aquí uno de esas antinomias que no es posible resolver..., y no esperéis de mí remedios para males incurables.”
“Ocurre además que a veces los críticos tienen unas extrañas pretensiones. Me exigen, al menos algunos, que les ‘solucione’ este mundo, que resuelva sus contradicciones trágicas convirtiéndolo en un mundillo ‘constructivo’. Me parece un tanto infantil. Con toda seguridad no seré yo quien deshaga los nudos gordianos de la vida. ¿Mi moral? Mi moral consiste en primer lugar en protestar en nombre de mi humanidad personal, en mostrar esa ironía y ese sarcasmo que expresan mi rebelión. Y en segundo lugar, en la fe de que todo lo que nos permite descifrar nuestra verdadera naturaleza y nuestra situación en el mundo constituye nuestro triunfo sobre la naturaleza.
En mi opinión, la literatura poco seria trata de resolver los problemas de la existencia. La literatura seria los plantea. Un hombre solo no arreglará los problemas de la existencia, éstos se solucionan –si es que se solucionan– en el seno de la humanidad.
La literatura seria no existe para hacernos la vida más fácil, sino para complicárnosla.”
“Ningún arte es tan pobre en cuanto a medios de expresión, a excepción tal vez de la escultura. Pintar no es más que renunciar a todo lo que no se puede pintar. Es el grito: ¡quisiera mucho más, pero no puedo! Este grito cansa.”
“La tesis de que Van Gogh o Cézanne nos han transmitido su personalidad en sus telas está muy cogida por los pelos. Pintar manzanas un poco diferentes de las naturales, y con estas manzanas pretender rivalizar con la sutil y cambiante naturaleza de la poesía o de la música… ¡El hombre expresado por una manzana! ¡Por una manzana estática! Si a mí, poeta y escritor, me dijeran que me expresara mediante una manzana, me sentaría en el suelo y lloraría de la humillación.”
“Imaginaos el choque cuando el orgulloso ‘yo soy francés’ de un francés y el ‘yo soy inglés’ de un inglés, topase, por parte del polaco, con el inesperado ‘yo no soy únicamente polaco, yo soy más que polaco…’.”
“Las patrias… ¿Cómo abordarlas? Es un tema casi intocable. Cuando uno escribe sobre la patria, se le tuerce el estilo. ¿Cómo escribir –pongamos por caso– sobre Polonia, sin caer en el clásico ‘porque nosotros, los polacos’, sin hacerse el europeo, sin poner buena cara al mal tiempo, sin humillarse, sin darse aires, sin poses, sin histrionismo, sin mordiscos, sin patadas ni peleas…? ¿Cómo meter los dedos en la propia llaga sin hacer toda suerte de muecas de dolor? ¿Cómo hacerse cosquillas en el talón de Aquiles sin hacer el payaso?”
“¡Siempre lo mismo! ¡Vestir un abrigo suntuoso para poder bajar a un tabernucho portuario! ¡Utilizar la sabiduría, la madurez y la virtud, para acercarse a algo totalmente opuesto!”
“… el sabor de la ausencia resulta aplastante…”
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